Siguiendo con los artículos dedicados a la Conmemoración del Día Internacional de Lucha contra la Violencia de Género me gustaría ahondar en la sintomatología y trastornos psicológicos que están asociados a vivir inmersa en un proceso de violencia de género.
Una mujer que está viviendo esta relación empieza a percibir que su comportamiento no logra modificar las circunstancias ni causar ningún efecto sobre la situación y la conducta de su pareja, él no cambia, sigue enfadándose por todo y perdiendo el control. Todo lo que ella hace tiene el efecto contrario, aumentar su enfado, por lo que entra en un proceso que se denomina INDEFENSIÓN APRENDIDA.
La indefensión aprendida le lleva a una obediencia pasiva, renunciando a los intentos de control de su vida, lo que supone que su actividad desciende a todos los niveles. Con el tiempo, se va convenciendo de la incapacidad y de su falta de inteligencia para resolver la situación. La indefensión lleva aparejada sentimientos de culpa y de vergüenza, junto al deterioro progresivo de su autoestima. La indefensión es la antesala de la depresión y los trastornos de ansiedad más severos que pueden aparecer en caso de mantener la relación y que la violencia se recrudezca y cronifique. Quizás ya se ha iniciado en el abuso de fármacos y sustancias adictivas. Si se continúa en la relación de violencia la sintomatología presentada será cada vez más severa y en muchos casos se podrá hablar de diagnóstico de distintos trastornos psicológicos. La incidencia de estos dependerá de los recursos personales de la mujer, de los factores de vulnerabilidad, de la predisposición genética también del tipo de maltrato ejercido, de las circunstancias e intensidad del mismo.
A continuación indico algunos de cuadros psicológicos que se pueden presentar.
Trastornos de ansiedad.
La tensión sostenida a lo largo del tiempo, incluso años, vivenciando situaciones de alto riesgo para la mujer y sus hijos e hijas, hace que empiece a percibir la conducta de su pareja y las circunstancias que le rodean, como incontrolables, generando estados de ansiedad con elevados niveles de activación y reactivación fisiológica. La percepción crónica de amenaza, miedo y agresión activa los sistemas biológicos implicados en las respuestas de estrés.
Depresión
La depresión causada por la exposición a la violencia de género presenta los mismos síntomas y características que cualquier depresión. Existen unos síntomas psíquicos como la tristeza, la apatía, la falta de interés, falta de concentración, irritabilidad, pesimismo, culpabilidad, ansiedad, etc. También inciden otros somáticos o físicos, como insomnio o exceso de sueño, problemas alimentarios por exceso o por defecto, disfunciones sexuales, dolores y molestias diversos.
Además, y particularmente por las circunstancias en las que se producen, se presentan los siguientes síntomas:
- Un malestar difuso e irritabilidad crónica.
- Incapacidad para pensar y actuar de forma lúcida y eficaz.
- Un descontento permanente de la relación de pareja (de la que muchas veces se siente culpable).
- Un retroceso o paralización de su desarrollo personal.
- Limitación de su libertad y autonomía.
- Desmoralización e inseguridad y falta de autocredibilidad.
- Actitud defensiva o de queja constante e ineficaz.
- Deterioro, a veces muy grande, de su autoestima.
Trastorno de estrés postraumático (TEPT)
El TEPT es un conjunto de síntomas que aparecen cuando una persona se ha visto expuesta a un acontecimiento traumático en el que ha experimentado, presenciado o le han explicado un suceso en el que se pone en riesgo su propia integridad física o la de los demás. Con frecuencia las mujeres que están en una situación de elevada tensión psicológica y física, viven en un estado de miedo y sensación continua de que van a sufrir daño. Esto no se limita a situaciones puntuales sino que se instala en ellas. Han aprendido que la conducta de él es imprevisible y no responde a antecedentes concretos. Los síntomas de este trastorno suponen un importante deterioro en todos los niveles de funcionamiento de la mujer, además de un elevado sufrimiento por el grado de intensidad que suelen presentar los síntomas. Estos se agrupan en 3 categorías:
- Reexperimentación de la experiencia vivida: síntomas relacionados con revivir el acontecimiento traumático, por ejemplo, tener pesadillas, recordar constantemente lo vivido y sentir malestar intenso al recordar.
- Evitación: Síntomas relacionados con no querer saber nada del suceso traumático ya que su recuerdo provoca demasiado malestar, como por ejemplo, evitar pensar en ello, evitar a personas y situaciones que lo recuerdan, creer que no tiene sentido pensar en el futuro, que no hay futuro posible.
- Hiperactivación: síntomas relacionados con un aumento de la activación del organismo, como por ejemplo, estar irritable, no poder concentrarse, tener dificultad para dormirse o mantener el sueño, estar excesivamente alerta a posibles peligros, etc.
Síndrome de la mujer maltratada
Se denomina así el conjunto de los síntomas que presentan las mujeres que han sido maltratadas. Además de los síntomas de reexperimentación, evitación e hiperactivación, la psicóloga Walker engloba otros como dificultad para las relaciones interpersonales, distorsión de la imagen corporal u otros síntomas somáticos, así como problemas de disfunción en las relaciones sexuales y de la intimidad. Es decir, un cuadro muy complejo, con gran malestar y que genera un deterioro importante en todas las áreas de la vida de la mujer.
Síndrome de adaptación paradójica a la violencia de género.
El psicólogo español Andrés Montero ha definido otro síndrome caracterizado porque en la mujer, además de la reacción psicofisiológica descrita anteriormente, se producen unas modificaciones en la forma de percibir y pensar consistente en justificar e incluso creer las ideas del maltratador. Es decir, las mujeres con este síndrome desarrollan un mecanismo de protección tendente a justificar y adaptarse a la situación de violencia en la que están viviendo.
Los síntomas y malestares que presenta una mujer que está o ha sido maltratada no configuran ninguna enfermedad o trastorno mental en si mismos, tus síntomas psicológicos y, muchas veces físicos, son consecuencia de la exposición diaria a la violencia. Por tanto, el primer paso para la curación es liberarse del yugo del maltratador e iniciar el proceso de recuperación, volverás a ser tú, pero ahora tendrás recursos para protegerte.
Resumiendo, podemos decir que vivir una relación de violencia en el contexto de pareja va produciendo un deterioro progresivo de la salud mental y física de la mujer. La exposición prolongada puede conducir a sufrir un trastorno mental de gravedad, suponiendo en muchos casos, si no se tratan, secuelas psicológicas y físicas que afectarán de por vida a la calidad de vida de la mujer maltratada.
